El regreso: Tarta de acelga y tres quesos en masa de quinoa

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Relanzo este abandonado blog con una confesión: Amo los carbohidratos. Los amo con locura. Y aún más, me gusta el carbohidrato refinado, aquel de la harina blanca, bien blanca y bien fina.

El pan batido de mi amado Valparaíso, crujiente y calientito enfrentándose a una paila de huevos de campo fritos, el pan amasado recién salido del horno con la mantequilla derritiéndose sobre las miguitas humeantes, el cachito de la empanada de horno, la masa de hojaldre que deja los dedos brillantes, y como no mencionarlo, los tallarines con salsa que hace mi mamá.

Sin embargo, a estas alturas ya todos sabemos que debemos moderar la ingesta de dichos manjares y procurar incluir en nuestras dietas alimentos integrales y legumbres. Destacando, por cierto, en las reglas de la correcta alimentación, el consumo mesurado de carbohidratos (buuuuuuu).

Afortunadamente, mi amor por la comida es vasto y acogedor. Rápidamente me enamoré del arroz integral, el trigo integral, la cebada, y muchos otros granos y leguminosas. Representa además, un desafío realizar preparaciones creativas que ayuden a equilibrar la alimentación.

Fue así como comencé a incluir la quinoa. Posee un alto contenido nutricional, en fibra, y tiene una carga glucémica inferior a los granos como arroz y trigo refinados e integrales (“carga” al organismo con menos carbohidratos). Puede prepararla igual que el arroz, usarla en sushi, o usarla como base para tartaletas, que es la receta de hoy.

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